Presentación (1/3)
 

Para mi es un placer ofrecer esta web al visitante, en la que pueden verse diferentes aspectos de mis actividades, mis hobbies, un poco de mi vida. Solo por el deseo de compartirlo, aunque no sé si, en realidad, le interesará a alguien. Por si acaso, aquí va.


Todo se centra en cuatro aspectos, para mí muy importantes: la pintura, la música, la literatura y los libros.


Gracias y sed felices.

Guillermo Busutil en La Opinión de Málaga, mayo de 2010

La tarea de escribir

Desde joven, allá por los 13 o 14 años, me gustó escribir. Vi en mi padre un modelo a seguir, porque su ejemplo estaba plagado de actividades relacionadas con la literatura: la primera, la lectura. La segunda, sus sólidas opiniones sobre las cosas que ocurrían a su alrededor. Y por lo tanto, la inevitable necesidad de expresarlas.

Esa visión diaria de su actitud curiosa y crítica con el mundo me introdujo la idea de estudiar Periodismo, pero la realidad de una situación económica precaria en aquellos años me hizo desistir. Me conformé con estudiar Filología Hispánica, carrera que no terminé, si bien pude obtener la Diplomatura.

La lápida de Dora, editada por Fergutson, es un conjunto de relatos, premiados en su mayoría, con los que Víctor Sáez presenta unas dignas credenciales literarias y hace viajar al lector por diferentes temáticas que van desde el género de terror, con sus fantasmas, sus inquietantes casas vacías -en las que habita el misterio- y con el siempre atrayente juego de las identidades y del miedo interior, hasta los relatos más intimistas en los que la memoria sentimental y una imaginación lírica adquieren el protagonismo de las historias. En el primer grupo destacan relatos como el que da título al libro, El piso vacío y Gente de el otro lado.


Pero donde mejor se vuelca Víctor Sáez es en los cuentos de la segunda parte. Las piezas que mejor representan su mirada contenida, la prosa directa y el halo poético de un estilo sencillo, cromático en la creación de atmósferas y con resonancias de Edgar Allan Poe y de Anton Chejov que le permiten ficcionar sobre el amor, la familia, la vida entre tiempos diferentes, los sueños, la sombra del padre, la identidad a través de los objetos, con algunos toques de humor, deslizamientos hacia el realismo mágico y el expresionismo narrativo y acertadas reflexiones. Entre estos cuentos sobresalen, por su equilibrio, por la exigida tensión contenida y por su excelente resolución, El despacho, Capaz de amar, Los objetos son yo o La tienda del tiempo, un excelente broche final que deja un buen sabor de boca.

En 2009 la Editorial Fergutson, de Madrid, tras ganar tres certámenes seguidos de relatos cortos, decide publicarme una colección de los mismos, bajo el título  “La lápida de Dora”. Un libro de 224 páginas y 35 relatos que, parece ser, gustó entre quienes lo leyeron. Hoy, visitante, si te apetece, puedes descargártelo en formato PDF pinchando interior.pdf


Por supuesto, no está en mi mente ni entre mis objetivos hacerme una figura de la literatura: conozco mis limitaciones. Pero créanme si les digo que escribir es un placer, si bien el proceso creativo es duro y arduo, más si se trabaja como se debe. Si también, por el buen hacer o incluso por la suerte de enhebrar historias interesantes y un lenguaje aceptable ocurre que el resultado es decente, legible, cautivador o simplemente entretiene, entonces... se encontrará la mejor recompensa: que un lector llegue al punto final de tu escrito y se sienta anímicamente satisfecho con lo leído.


Pues... en eso estamos.